Hemos revisado hasta ahora la composición en macronutrientes de las bebidas refrescantes (hidratos de carbono), así como las particularidades de las bebidas bajas en calorías. Sin embargo, algunos tipos de refrescos contienen también sustancias no nutritivas con efectos fisiológicos y nutrientes, como vitaminas en ciertos casos, que merecen consideración aparte.
Las bebidas refrescantes de cola, por su contenido en cafeína, son un ejemplo importante dado su amplio consumo. La cafeína se encuentra en el té, el café, el cacao, la nuez de cola y otras bebidas más exóticas como las que contienen guaraná, y produce el tipo de efectos fisiológicos habitualmente llamados “estimulantes”.
Es importante advertir del mal uso en los últimos tiempos que la publicidad ha hecho del término estimulante, de modo que muchas personas piensan en éste como un calificativo positivo más o menos equivalente a tonificante o fortalecedor. Ciertamente, esta interpretación es incorrecta y los efectos de estas sustancias, si bien pueden ser útiles en ciertas situaciones, son efectos de naturaleza farmacológica que presentan también inconvenientes, y que en modo alguno pueden considerarse mejoradores de las condiciones del organismo.
La cafeína pertenece al grupo químico de las metilxantinas, al igual que la teofilina y la teobromina, y es responsable de los principales efectos del café. Esta sustancia actúa sobre el sistema nervioso central, aumentando la producción de los neurotransmisores adrenalina y noradrenalina. Disminución de la fatiga, reducción del tiempo de reacción, mejora de la concentración e inhibición del sueño son los efectos comúnmente producidos. No todas las personas presentan la misma sensibilidad a la sustancia y algunos de los efectos han sido notablemente debatidos en cuanto a su naturaleza e intensidad
En ocasiones, las personas manifiestan que la cafeína aumenta su capacidad física transitoriamente, y esto es porque esta sustancia influye sobre el músculo cardiaco, aumentando el número y la fuerza de las contracciones. La cafeína también ejerce su acción sobre los músculos normales, la llamada
musculatura esquelética, produciendo un incremento de la fuerza de contracción (12).
Sin embargo, la cafeína puede originar efectos nocivos, especialmente si es ingerida en cantidades importantes. Podemos incluir entre éstos las dificultades para dormir, la acidosis gástrica, por aumento de la producción de ácido clorhídrico en el estómago, la correspondiente irritación de la
mucosa gástrica, la elevación transitoria de la tensión arterial y posibles taquicardias y nerviosismo.
Varios estudios indican también una influencia negativa de la cafeína sobre la remineralización ósea al afectar al balance de calcio; sin embargo, en la mayoría de los estudios dichos efectos son poco significativos en dosis moderadas.
El contenido de cafeína de los refrescos de cola está entre los 40 y los 145 mg por litro si consideramos toda la gama de productos en venta. Sin embargo, las marcas de mayor fama contienen una cantidad que oscila entre los 105 y los 145 mg por litro, cantidad que es la misma para los refrescos azucarados y para las modalidades light. En consecuencia, un bote de 330 ml de estas colas contiene de 35 a 48 mg de cafeína (13).
Si queremos sacar conclusiones deberemos analizar los posibles efectos de la cafeína consumida por un bebedor de refrescos de cola.
Como ya se ha apuntado, los efectos de esta sustancia pueden variar notablemente de unas personas a otras, pero hoy muchas recomendaciones fijan el límite de los 200 mg en el adulto, para un consumo moderado. Esto equivale a 4 a 5 botes de refresco de cola, si en la ingestión del día no hay otros productos que contengan cafeína o sustancias de efectos similares (café, té, chocolate, nuevos refrescos, etc.). Como es fácil suponer, tal ingestión de refresco de cola no es aconsejable, entre otras cosas por el elevado aporte de azúcar que supondría.
Por otra parte, no hemos de olvidar que estamos cifrando los 200 mg como cantidad límite aconsejada para el adulto, y que con frecuencia las bebidas de cola son la opción elegida por niños y adolescentes, en cuyo caso se deberá disminuir netamente la ingestión o elegir los refrescos descafeinados.
Otro planteamiento útil para valorar la ingestión de cafeína procedente de los refrescos es compararla con la de una de las bebidas más comunes en el adulto, el café. Los estudios más serios realizados en España (14) nos dicen que el café expreso de las cafeterías tiene una concentración media
de 1.800 mg de cafeína por litro. Así, la persona que toma una tacita de café de 100 ml probablemente está ingiriendo 180 mg de cafeína. Necesitaríamos cuatro botes de cola para alcanzar esta cantidad *.
Los estudios realizados en los últimos años sobre contenido de cafeína en el café no siempre han ofrecido los mismos resultados cuantitativos, pues la concentración no sólo depende del tipo de café, sino mucho del modo de preparación, pero podemos pensar que cualquier café equivale a un mínimo de dos y casi siempre tres botes de cola (al menos).
Podemos concluir que la cantidad de cafeína en los refrescos de cola es relativamente moderada para el adulto, pero no olvidemos las precauciones con la población infantil, o el posible efecto sumatorio de unir en el adulto los refrescos de cola con otras fuentes de cafeína. También hay que añadir que actualmente la oferta de refrescos incluye otros productos, como las bebidas a base de té o las bebidas energéticas, que contienen cafeína.
Por lo tanto, para las personas que gustan de las bebidas de cola, las versiones descafeinadas de estos refrescos son una posibilidad que hay que considerar.
Actualmente la normativa sólo obliga a las bebidas refrescantes a declarar en el etiquetado la cantidad de cafeína cuando ésta es superior a los 150 mg por litro (Directiva 2002/67/CE). La mayoría de las colas no andan lejos, pero están por debajo de esta cantidad, por lo que la etiqueta indica la presencia de esta sustancia pero no la cantidad.
* Algunos muestreos de café casero ofrecen cifras de concentración más baja, rondando los 1.200 mg de cafeína por litro.
Como ya hemos comentado, existen “nuevos” refrescos que también contienen cafeína. Un ejemplo de ello son las llamadas bebidas energéticas. Dentro de éstas, la bebida actualmente más consumida en España tiene 320 mg de cafeína por litro; el consumo de un bote, que en este caso es sólo
de 250 ml, equivale a la ingestión de unos 80 mg de cafeína.
Lo anterior supone casi el doble de cafeína que la contenida en las colas normales y nos indica que, en realidad, el único efecto “energético” de la bebida es el que se deriva de la cafeína y el azúcar contenido.
Pero no es la cafeína la única sustancia utilizada en estas bebidas, pues algunas de ellas incluyen otro compuesto con pretendidos efectos estimulantes: la taurina.
La taurina es un aminoácido que algunas marcas introducen en la composición de su bebida, en una cantidad aproximada de unos 4 mg por litro. Este aminoácido es un derivado de la metionina y la cisteína, y no forma parte de proteínas orgánicas, pero puede encontrarse asilado en en el músculo cardiaco y el estriado, en la sangre y en los nervios. La taurina participa en el equilibrio osmótico y también hay estudios que relacionan esta sustancia con el metabolismo de las grasas, la estimulación de la glicólisis y posibles efectos de antioxidación.
Quizá por lo anterior es habitual que la publicidad alegue que la taurina es un potenciador del rendimiento y un “revitalizante”. El agotamiento o la insuficiencia de taurina, provocado artificialmente o debido a patologías, han mostrado en investigación animal producir una merma en la capacidad de ejercicio. Pero esto no prueba que en condiciones normales de salud y alimentación la presencia de taurina en la bebida ejerza un efecto estimulante, entre otras cosas porque existe taurina en alimentos de consumo ordinario (15). Ciertas bebidas energéticas incorporan también nutrientes no hidrocarbonados en su composición. Un ejemplo es la adición de vitaminas. Destacan la vitamina B6 y el ácido pantoténico, pero algunos incluyen también vitamina C, niacina y cianocobalamina. La bebida energética más extendida en España contiene la totalidad de la Cantidad Diaria Recomendada (CDR) de vitamina B6, el doble del CDR de la cianocobalamina (B12) y más de un tercio de la cantidad aconsejada de niacina y ácido pantoténico.
Son cantidades nutricionalmente muy significativas, pero no todas las marcas están a este nivel.
Bienvenida sea pues la presencia de estas vitaminas como complemento nutricional, pero esto no quiere decir que la presencia de éstas en el refresco vaya a producir un efecto “energizante”. Sólo algunas marcas incorporan en su composición la vitamina C en cantidades medias de 35 a 40 mg por envase de 250 ml, aporte realmente importante que sin duda podemos superar fácilmente con muchas frutas o zumos sin pretensiones energéticas.
Volviendo de nuevo a la presencia de sustancias no estrictamente nutritivas, el ácido fosfórico (E-338) es un aditivo que hay que mencionar. Esta sustancia se utiliza en los refrescos como regulador de la acidez. La cuestión es que su presencia equivale además a un aporte extra de fósforo, y en ocasiones
se ha advertido de que podría inhibir parcialmente la absorción de calcio al alterar la relación fósforo/ calcio. No obstante, para que este efecto fuera apreciable sería necesaria una ingestión abusiva. También es de interés dedicar unos párrafos a las aguas tónicas, pues contienen otra sustancia que
no está presente en los refrescos anteriormente mencionados. Es la quinina, que confiere el característico sabor amargo a estas bebidas.
La quinina es un alcaloide extraído de la corteza del árbol llamado quina o chinchona, de la familia de las rubiáceas, y ha sido utilizada para el tratamiento de lamalaria, siendo además conocida desde hace centenares de años por sus efectos febrífugos. Los estudios realizados con la quinina indican que produce disminución de la excitabilidad de la placa motora neuromuscular y efecto hipotensor. Las principales aguas tónicas en el mercado incluyen la
quinina en una concentración de 30 a 50 mg por litro; con estas concentraciones los efectos aludidos son mínimos. Se han comunicado casos aislados de reacción negativa a la quinina por beber refrescos tipo “tónica”. En estos casos el mecanismo de acción ha sido o bien de tipo inmunológico, mediadas
por IgE, o por el contrario de tipo farmacológico . Pero es necesario recordar que son muchos los ingredientes alimentarios y/o aditivos que han registrado algunos casos aislados de reacción de uno u otro tipo, sin que ello suponga que ése sea un efecto común en la mayoría de las personas.